Los países exportadores de materias primas de América Latina se vieron sumamente beneficiados con el boom de precios de estos productos que comenzó alrededor de 2002. En este contexto, el fortalecimiento de los balances públicos y externos ha creado la sensación que, esta vez, la respuesta macroeconómica al boom de términos de intercambio ha sido distinta (y más prudente) que en episodios anteriores. Pero, ¿ha sido realmente así?
En un estudio reciente, analizamos la historia de booms de términos de intercambio en América Latina durante el período 1970-2012 y cuantificamos los ingresos extraordinarios (es decir, los ingresos “extra” derivados de estas mejoras de los términos de intercambio). También documentamos los patrones de ahorro durante estos episodios y evaluamos la magnitud del “esfuerzo” por ahorrar dichos ingresos extraordinarios.
Del análisis se desprende que la magnitud de los ingresos extraordinarios derivados del reciente boom de términos de intercambio no tiene precedentes, al tiempo que el esfuerzo por ahorrarlo ha sido menor que en episodios anteriores.
América Latina sigue siendo una de las regiones que está creciendo con mayor rapidez en el mundo, aunque el crecimiento se desaceleró ligeramente en 2012. Muchas economías de la región están operando a su nivel potencial o cerca de este nivel, la inflación, por lo general, está contenida y el desempleo continúa en niveles históricamente bajos.
A corto plazo, la región se seguirá beneficiando por condiciones de financiamiento externo favorables y precios relativamente altos de las materias primas. En nuestra edición de mayo de 2013 de Perspectivas económicas: Las Américas se proyecta que el crecimiento económico de la región llegará a alrededor de 3½% en 2013. En Brasil —la mayor economía de la región— la actividad económica está cobrando vigor, impulsada por el fortalecimiento de la demanda externa, los efectos de medidas orientadas a estimular la inversión y el impacto del relajamiento de políticas macroeconómicas. En el resto de América Latina, se proyecta que el crecimiento del producto se mantendrá cercano a su nivel potencial.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) organizó hace poco una segunda conferencia enfocada en el replanteamiento de la política después de la crisis. Tras dos días de fascinantes presentaciones y debates, hay una cosa de la que estoy seguro: esta probablemente no será la última conferencia que celebraremos sobre este tema.
El replanteamiento y las reformas están en curso. Pero aún no sabemos cuál será el destino final, ya sea en lo que se refiere a la redefinición de la política monetaria, o la configuración de la regulación financiera, o la función de las herramientas macroprudenciales. Tenemos una idea vaga del rumbo, pero en general estamos navegando a vista de tierra.
Tomaré seis ejemplos inspirados por la conferencia. En este estudio reciente se presentan más observaciones.
Como se explica en Perspectivas de la economía mundial (informe WEO, por sus siglas en inglés), la recuperación mundial está ocurriendo a varias velocidades. El ritmo más lento se registra en Europa. En Estados Unidos, pese a cierto freno causado por la política fiscal, la recuperación está cobrando impulso. Entre tanto, el crecimiento de las economías emergentes se afianza poco a poco.
Contra este telón de fondo, según las proyecciones el crecimiento de América Latina y el Caribe aumentará de 3% en 2012 a alrededor de 3½% en 2013. Este repunte estará respaldado por la paulatina recuperación mundial, la persistencia de condiciones de financiamiento favorables y un nivel elevado de precios de las materias primas, así como los efectos de las políticas expansivas que están aplicando algunos países.
El aspecto más destacado de las últimas perspectivas es algo de lo que llevamos hablando varios días: hemos pasado de una recuperación a dos velocidades a una recuperación a tres velocidades.
Las economías de mercados emergentes y en desarrollo conservan el vigor, pero en las economías avanzadas parece haber una bifurcación creciente entre Estados Unidos y la zona del euro.
Así lo reflejan nuestros pronósticos. En las economías de mercados emergentes y en desarrollo, el crecimiento alcanzaría 5,3% en 2013 y 5,7% en 2014; en Estados Unidos, 1,9% en 2013 y 3,0% en 2014; en cambio, en la zona del euro se proyecta un crecimiento de -0,3% en 2013 y apenas 1,1% en 2014.
Las medidas decisivas adoptadas por las autoridades económicas desde nuestro último informe publicado en octubre han afianzado la estabilidad financiera reduciendo los riesgos más graves.
• Las autoridades de la zona del euro han evitado un abismo financiero.
• En Estados Unidos, se han despejados los temores más grandes al abismo fiscal, mientras que el saneamiento de los balances y la expansión monetaria en marcha han brindado apoyo a los mercados financieros y a la recuperación.
• En Japón, las nuevas iniciativas de política han captado el interés de los mercados mundiales, que creen que por fin Japón puede estar dejando atrás su valle de la deflación.
Pero la última edición de nuestro Informe sobre la estabilidad financiero mundial (informe GFSR, por sus siglas en inglés) concluye que los progresos logrados en los mercados financieros y el afianzamiento de la estabilidad financiera no se mantendrán —y posiblemente aparecerán nuevos riesgos— si las autoridades económicas no abordan las importantes vulnerabilidades subyacentes.
La crisis financiera mundial de 2008–09 elevó los coeficientes de endeudamiento público de las economías avanzadas a niveles nunca antes vistos en tiempos de paz. Estos altos niveles de deuda exponen a los países a una pérdida de confianza de los mercados y, en último término, a un daño a largo plazo de las perspectivas de crecimiento. Es por esto que desde 2010 las economías avanzadas se han embarcado en un viaje cuyo destino es una tierra más firme para sus finanzas públicas. Se trata de una prueba de fondo, no de una carrera de velocidad; y, para corregir los fuertes desequilibrios fiscales creados por la crisis sin descarrilar la aún frágil recuperación, se necesita un ritmo de ajuste ininterrumpido y gradual, al menos en el caso de los países que no soportan las presiones del mercado.
Este año veremos cómo el proceso de ajuste fiscal gradual alcanza dos hitos simbólicos. En primer lugar, el déficit medio de las economías avanzadas como proporción del PIB se reducirá a la mitad del nivel que alcanzó en 2009, en el peor momento de la crisis. En segundo lugar, el coeficiente de endeudamiento medio dejará de subir, después de haber aumentado constantemente desde 2007. De hecho, disminuirá levemente.
Los indicadores fiscales de América Latina han mejorado en el curso de la última década en gran medida gracias a términos de intercambio y condiciones de financiamiento sumamente favorables. Sin embargo, ¿qué tan dependiente es la solidez fiscal de la región de la continuación de este entorno internacional?
En nuestro análisis reciente dilucidamos este interrogante, examinando el impacto que tendrían condiciones externas menos favorables en las cuentas fiscales y la deuda pública de los países de América Latina. Encontramos que, si bien la situación fiscal actual de algunos países es suficientemente sólida para hacer frente a shocks externos significativos, otros se beneficiarían de tener mayor ‘espacio fiscal’, para poder responder a shocks temporales con políticas fiscales anticíclicas sin poner en peligro la sostenibilidad de la deuda.
No hay vueltas que darle. A todos nos gusta la energía barata. Casi todas las actividades humanas exigen consumo de energía y, si algo es así de esencial, parecería obvio que a nadie debería negársele el acceso a la energía y que el gobierno debería abaratar todo lo posible su costo para los hogares y las empresas, inclusive mediante subsidios. Así se ayudaría a que los hogares no paguen cuentas de energía exorbitantes al final del mes, algo que quizás esté fuera del alcance de los pobres, aun cuando se trate de necesidades básicas como dotar de calefacción a la vivienda y cocinar. Es posible que las empresas también necesiten subsidios energéticos para seguir siendo competitivas. Los subsidios a la energía parecerían aún más adecuados, e incluso obvios, en países con una gran oferta de energía, como los productores de petróleo. A fin de cuentas, toda esta riqueza natural en forma de energía le pertenece al pueblo, ¿por qué entonces no debería ser barata?
Según las previsiones, el crecimiento económico de América Latina seguirá siendo sólido en 2013, pero la región necesita más políticas que promuevan el crecimiento y generen empleo para reducir la pobreza y la desigualdad, afirmó Alejandro Werner, nuevo Director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI en una entrevista.
Werner también señaló que, aun siendo beneficiosas para los países de la región, las grandes entradas de capital están generando cierta volatilidad en los mercados financieros nacionales.
Werner se incorporó al FMI en enero de 2013, tras abandonar el cargo de titular de banca corporativa y de inversión de BBVA Bancomer.