Política Fiscal de EEUU: Entre la Espada y la Pared

Por Rodrigo Valdés

(Versión en English)

Estados Unidos enfrenta dos urgentes desafíos fiscales: elevar el límite de endeudamiento y comenzar el arduo proceso de reducción del déficit y la deuda.

En este momento, esos desafíos ponen la política fiscal de Estados Unidos entre la espada y la pared. Cuánto ahorro es necesario y de qué manera debe lograrse son interrogantes cruciales, como también lo es definir el momento en que se deberían hacer efectivos tales ahorros.

Simplemente insostenible

A fines de este año, la deuda federal en poder del público representará el 70% de la economía estadounidense, casi el doble del 36% que representaba en 2007. El déficit fiscal del gobierno federal será del 9,3% del PIB este año. Esto es sencillamente insostenible.

Si se dejara la política fiscal en piloto automático, la deuda seguiría creciendo más rápidamente que la economía, hasta que los mercados financieros digan “no va más”. Las calificadoras de riesgo han hecho públicas sus advertencias y, como parte del debate sobre el límite de endeudamiento, el sistema político está tratando de decidir en qué rubros se puede ahorrar.

Preocupación por el desempleo

Al mismo tiempo, una excesiva contracción fiscal en el corto plazo podría debilitar demasiado una economía que venía recuperándose muy gradualmente y que últimamente ha perdido impulso. En el primer semestre de 2011, el producto parece haber crecido a una tasa media anual inferior al 2%. Ese ritmo no resulta suficiente para reducir significativamente el muy elevado desempleo.

De persistir, la debilidad del mercado de trabajo podría amenazar las perspectivas de la economía a largo plazo. Una persona que permanezca desempleada demasiado tiempo puede perder gradualmente su capacidad laboral y se le puede volver cada vez más difícil encontrar empleo. Agregar otro factor adverso para la actividad económica no es, por cierto, algo deseable en esta coyuntura.

Un difícil acto de malabarismo

El tema fiscal fue central en la evaluación anual de 2011 —o consulta del Artículo IV— realizada por el FMI sobre la economía de Estados Unidos. El análisis se enfocó en la necesidad de equilibrar el ajuste fiscal necesario a largo plazo y el apoyo a corto plazo para asegurar la recuperación.

Una pérdida de credibilidad fiscal de Estados Unidos es un escenario demasiado peligroso como para ponerlo a prueba. Por lo tanto, la prioridad número uno es alcanzar un acuerdo político sobre un plan integral de ajuste que inicie el proceso de consolidación en el ejercicio fiscal 2012.

El plan debe tener una dimensión adecuada. Lo ideal es que la consolidación se distribuya a lo largo de varios años para evitar la aplicación de políticas excesivamente contractivas en 2012-13. El plan debe ser equilibrado de modo de incluir recortes del gasto discrecional, un aumento de los ingresos fiscales —por ejemplo, cerrando espacios que permiten eludir impuestos— y reformas del régimen de prestaciones sociales. Estas últimas deben focalizarse en contener la tasa de crecimiento del gasto en prestaciones —es decir, los programas de seguridad social y atención de la salud— y los cambios requeridos podrían materializarse más adelante, pero deben ser acordados y legislados ahora. Frenar solo el gasto discrecional no relacionado con la defensa no es suficiente porque este tipo de gasto sencillamente no es tan elevado como para lograr la necesaria reducción del déficit.

La dieta no debe ser excesivamente agresiva, pero debe comenzar ya

Una analogía un tanto rudimentaria es la comparación con las dietas y la pérdida de peso. Una persona que esté excedida de peso y necesite urgentemente perder kilos debe empezar a hacer una dieta de inmediato. El simple anuncio de que la iniciará pronto no es suficiente. Del mismo modo, reducir la ingesta de calorías demasiado bruscamente es peligroso, ya que podría generar el proverbial efecto rebote o, peor aún, provocar daños a largo plazo para la salud. Un proceso gradual y duradero resulta más conveniente. Lograr el equilibrio adecuado también exige recurrir a más de un factor de cambio: la persona no solo debe comer menos sino también hacer ejercicio.

Para poner la deuda pública en una trayectoria sostenible —por ejemplo, estabilizar su coeficiente respecto del tamaño de la economía para mediados de la década y luego reducirla gradualmente— se requiere un ajuste fiscal cuyo tamaño y alcance dependen de dos variables fundamentales: el ritmo de crecimiento de la economía y el nivel de las tasas de interés en los próximos años.

Si la economía se expande, los beneficios se multiplican. No solo crecen más rápidamente los ingresos fiscales sino que además la deuda representa un porcentaje menor de la economía, lo cual reduce la necesidad de efectuar ahorros. En cambio, con tasas de interés más altas se incrementa el monto del ajuste requerido, porque el gasto en intereses absorberá una proporción mayor de los ingresos disponibles. Y, para complicar las cosas, un endeudamiento mayor tiende a elevar las tasas de interés, incrementando el gasto en intereses, y así sucesivamente.

¿Cuál es entonces la salida? Según las proyecciones oficiales de Estados Unidos, la solución consistiría en aplicar políticas activas para reducir el déficit fiscal en torno al 5% del PIB en los próximos años. Ese monto es más o menos equivalente al ahorro de US$4 billones en 10 años debatido públicamente por las autoridades durante las negociaciones sobre el límite de endeudamiento. Conforme a nuestras proyecciones económicas más conservadoras, Estados Unidos necesita concretar ahorros por un monto de aproximadamente US$6 billones. Los US$4 billones mencionados serían un acertado primer paso.

Para no seguir atrapado entre la espada y la pared, es preciso moverse ahora mismo.

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