¿Quo vadis, México?

Por Nicolás Eyzaguirre

(Versión en Inglés)

Antes de mi llegada hoy en México con el Director Gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, no puedo evitar reflexionar sobre cuánto ha mejorado México en el ámbito de la política económica durante la última década. Al mismo tiempo, también me impresiona la importancia de la tarea que el país tiene por delante para aprovechar las oportunidades que ofrece el cambiante escenario mundial.

La solidez del marco macroeconómico

Las instituciones económicas mexicanas se han fortalecido considerablemente. La regla fiscal que exige mantener un presupuesto equilibrado apuntaló la disciplina fiscal y permitió reducir la deuda pública. Asimismo, la estructura de la deuda mejoró radicalmente: México creó un mercado nacional de bonos profundo y prorrogó sus vencimientos. La adopción del esquema de metas de inflación consolidó la credibilidad del Banco de México y redujo la inflación, el impuesto que golpea más a los más pobres, a niveles bajos. Al mismo tiempo, el fuerte compromiso con la flexibilidad del régimen cambiario ha creado una válvula de escape importante para la economía.

Mejores resultados

Estas inversiones dieron resultado durante la crisis. La grave crisis experimentada por Estados Unidos tuvo un profundo impacto en México, donde el PIB cayó más del 6% en 2009. Sin embargo, la fortaleza de las instituciones del país actuó como un ancla fundamental y, lo que es más importante, ofreció un margen para que las autoridades implementaran medidas tendientes a amortiguar el impacto de la contracción económica en la población. Tanto la política fiscal como la monetaria se relajaron para apuntalar la economía. El tipo de cambio, al igual que otros precios, se ajustó para mantener el equilibrio económico. Reconociendo la solidez del marco de políticas, el FMI invitó al país a inaugurar la nueva Línea de Crédito Flexible que fue diseñada como un seguro contra shocks externos para países con políticas económicas de gran solidez como México. Esto contribuyó con éxito a prevenir el riesgo de situaciones extremas durante la crisis. Hoy México se está recuperando bien, con una expectativa de crecimiento de 5 por ciento para el 2010.

Una transformación mundial

La crisis financiera ha marcado lo que las generaciones futuras quizá consideren como un momento de profunda transformación en la economía mundial. Los países considerados como “mercados emergentes” están pasando a primer plano, tanto como fuente del futuro crecimiento mundial, como por la importancia creciente de su papel en la estructura de gobernanza mundial, incluyendo su representación en el FMI. América Latina desempeña una función fundamental en este cambio, ya que las economías en rápido crecimiento como las de Brasil, Chile y Perú ofrecen un apoyo importante a la recuperación mundial, pero también se benefician del aumento del intercambio comercial con las dinámicas economías asiáticas. Esta transformación genera retos, tales como el manejo del ritmo de crecimiento y del flujo de capital hacia los mercados emergentes. Pero también crea oportunidades para lograr un aumento sostenido del nivel de vida en estos países.

El reto para México

México debe aprovechar esta oportunidad asegurando la estabilidad pero, ante todo, tomando medidas para aumentar el dinamismo de su economía.

Las importantes reformas fiscales instrumentadas por las autoridades mantendrán el orden de la situación fiscal durante varios años más, al tiempo que preservarán el margen fiscal necesario para el gasto en sectores prioritarios. México sin duda necesita inversión pública en infraestructura y en programas de protección social con buenos resultados como Oportunidades. Pero de cara al futuro, dado que las proyecciones indican que el porcentaje que representa el petróleo en el total de los ingresos disminuya y que las presiones provenientes del envejecimiento de la población aumenten, será necesario buscar más recursos fiscales. Para ello, se deberá volver a examinar el régimen tributario, incluida la estructura del IVA y de los impuestos sobre la renta. Pero habrá que evaluar también la naturaleza del gasto, incluidos los subsidios, en particular en el sector de la energía eléctrica.

Principalmente, la prioridad de México tiene que ser estimular su bajísima tasa de crecimiento de largo plazo y la creación de los trabajos del futuro para los jóvenes. Para lograrlo, se deberán resolver varios temas difíciles, en particular los cuales analizo a continuación:

  • Competencia. El dinamismo de la economía está obstaculizado por la falta de competencia en sectores clave de la economía. El aumento de la competencia disminuirá los costos y aumentará la productividad, fomentando así el crecimiento. La reciente labor encaminada a reformar el marco de competencia representa un avance alentador. Pero la experiencia en otras partes del mundo ha demostrado que la implementación es clave, frente a la oposición proveniente de los intereses creados.
  • Servicios públicos. México necesita de un sector público capaz de prestar los servicios del futuro, ya sea energía a un costo más bajo o una mejor infraestructura. Para lograrlo, es necesario realizar mayores reformas, incluyendo del marco presupuestario. También es clave apoyar la formación de capital humano, y esto incluye elevar el desempeño académico.
  • Mercados laborales. La magnitud de la economía informal es un síntoma de la rigidez del mercado laboral formal mexicano. El aumento de la flexibilidad del sistema, sin dejar de contemplar las protecciones sociales adecuadas y económicamente accesibles conforme sea necesario, es clave para generar más empleos y de mayor productividad.

Esperamos conversar sobre estos temas y retos con los líderes y los jóvenes durante nuestra estadía en México junto al Sr. Strauss-Kahn. Deseamos comprender mejor lo que los mexicanos tiene en mente y están planteando para ganarse el lugar que legítimamente les corresponde en la futura economía mundial.

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