La crisis laboral: ¿Qué hacer para enfrentarla?

Por Gerd Schwartz y Ruud de Mooij

(Versión en English)

En el mundo entero, las autoridades están probando exhaustivamente todas las herramientas de las que disponen para generar más empleo. De acuerdo con un estudio reciente del Departamento de Finanzas Públicas del FMI, las reformas de la política tributaria y de gasto son muy prometedoras para ayudar a los países a afrontar la crisis laboral, incluso a corto plazo.

El estudio sostiene que para mejorar la situación del empleo, trascendiendo lo que podría lograrse con políticas que apuntalen la demanda de bienes y servicios por parte de consumidores e inversionistas, es necesario promover activamente la demanda de mano de obra, reforzar los incentivos para trabajar (o eliminar los desincentivos) y expandir la capacitación y la asistencia laboral, sin sacrificar los objetivos de equidad.

El reto del mercado del trabajo

Las consecuencias socioeconómicas de la pérdida de empleos desde el estallido de la crisis internacional han sido enormes. Sin embargo, más allá de la magnitud de las secuelas laborales, en muchas economías avanzadas y emergentes el desempleo ya era elevado antes de la crisis, lo cual lleva a pensar que los retos en este terreno no se desvanecerán a medida que la economía mundial se recupere y que se necesitan medidas de política tanto para abordar cuestiones de empleo estructural como para mejorar las perspectivas laborales a corto plazo.

Tres retos revisten particular importancia: las elevadas tasas de desempleo a largo plazo —es decir, el que dura más de un año—, que suelen ser muy superiores a las de desempleo a corto plazo, sobre todo en comparación con los países del norte de Europa que han logrado contener el desempleo a largo plazo (gráfico 1); las elevadas tasas de desempleo juvenil —entre los 15 y los 24 años de edad—, que superan el 50% en Grecia y España y prácticamente triplican la tasa de desempleo global de varias economías (gráfico 2); y las elevadas tasas de desempleo de la mano de obra no calificada, que son mucho más altas que las de la mano de obra calificada.

 

Además del gran número de personas que desea emplearse, en muchos países gran parte de la población en edad activa ya no busca trabajo y por lo tanto se ha retirado del mercado laboral. Esa falta de participación quizá sea resultado de preferencias culturales o del desaliento causado por las perspectivas desfavorables o la ausencia de incentivos financieros. Incrementar la participación en la fuerza laboral a mediano plazo puede contribuir a estimular el crecimiento económico y afianzar la consolidación fiscal mediante la expansión de la base tributaria.

El diseño de las políticas influye

La política fiscal influye en el empleo, tanto a corto como a mediano plazo.

Existen varias opciones para mejorar el diseño de los impuestos y las prestaciones que pueden ayudar a promover el empleo preservando la equidad. En nuestra opinión, los posibles ámbitos de reforma son cuatro:

  • Cuñas tributarias. Reducir la “cuña tributaria” —es decir, el monto del impuesto como proporción del sueldo neto—funciona de manera óptima cuando se aplica a los grupos que son más sensibles a los incentivos financieros: las mujeres, los empleados que están cerca de la edad de jubilación y los trabajadores poco calificados. Por ejemplo, un incentivo para este último grupo sería brindarle descuentos impositivos que incrementen el sueldo neto. En una familia con dos asalariados, reducir la cuña tributaria de uno podría ser un incentivo para que ambos trabajen. A corto plazo, la rebaja de las contribuciones del empleador al seguro social, focalizada en los empleados poco remunerados, puede ser una herramienta eficaz para estimular la creación de puestos de trabajo. Las escalas tributarias más progresistas (es decir, las que incrementan la carga impositiva como porcentaje del ingreso a medida que éste aumenta) también podrían considerarse un reforma neutral para la recaudación que reduce las cuñas tributarias de los trabajadores poco calificados.
  • Prestaciones por desempleo. La aplicación de exigencias más estrictas de búsqueda de empleo a los beneficiarios de prestaciones por desempleo, combinada con un monitoreo intensivo y sanciones adecuadas, ha dado buenos resultados a la hora de acortar los períodos de desempleo. En particular, cuando la participación en programas de “mercado laboral activo” (descritos a continuación) es una condición para recibir prestaciones por desempleo, las tasas de salida del desempleo suben considerablemente.
  • Programas de mercado laboral activo. Estos programas pueden empujar el desempleo a la baja al equiparar mejor las aptitudes de las personas que buscan trabajo con las vacantes que ofrece el mercado. Tienen un máximo de eficacia cuando están centrados en los jóvenes y en los desempleados a largo plazo. Por ejemplo, la capacitación en el lugar de trabajo y el aprendizaje de un oficio han logrado facilitarles a los jóvenes la transición de la escuela al trabajo. Los subsidios salariales focalizados han generado trabajos para los desempleados a largo plazo y las personas no calificadas. Sin embargo, una lección fundamental es que, más allá de las intervenciones focalizadas y de duración fija, limitarse a crear puestos de trabajo en el sector público suele ser una solución infructuosa.
  • Sistemas de pensiones. Se podría alentar a los empleados de edad más avanzada a trabajar más tiempo si las prestaciones jubilatorias futuras se ajustaran verdaderamente según los años adicionales de aporte, eliminando así el incentivo financiero para optar por la jubilación anticipada.

Según la opinión de algunos analistas, las políticas que recomendamos para promover la participación en la fuerza laboral harían más mal que bien: los altos niveles de desempleo actuales, ¿no significan acaso que los puestos de trabajo ya son demasiado escasos?

Todo depende de los plazos. Primero, las medidas encaminadas a incentivar la participación en la fuerza laboral tardarán más en dar fruto que las destinadas a estimular la demanda o reducir las discrepancias de aptitudes. Además, está demostrado que, a más largo plazo, una mayor participación en el mercado laboral, incluso de los trabajadores de edad más avanzada, no incrementa el desempleo, sino que está más bien correlacionada con un aumento del empleo total a través del crecimiento económico.

No hay tiempo que perder

La combinación ideal de reformas varía según el país. Deberá estar adaptada y escalonada de acuerdo con los retos que cada uno enfrenta en el terreno laboral, las instituciones del mercado de trabajo y las restricciones fiscales. Una prioridad inmediata para los países que han sufrido un fuerte aumento de la desocupación es restablecer la demanda de mano de obra e implementar programas de mercado laboral activo que contribuyan a equiparar la oferta y la demanda.

Asimismo, no se debe postergar el lanzamiento de reformas encaminadas a promover la participación en la fuerza laboral, dado que su período de gestación es más prolongado. Ha llegado el momento de emprender reformas estructurales para hacer frente a la crisis del empleo y estimular la demanda de mano de obra, y el diseño de las políticas influye mucho en la evolución del mercado laboral.

 

3 respuestas a “La crisis laboral: ¿Qué hacer para enfrentarla?”

  1. Muy interesante!

  2. Saber lo que hay que hacer, y hacerlo, son dos cosas muy distintas.

  3. La ortodoxia recomienda flexibilizar el mercado laboral para aumentar el empleo, pero esto solo precarizar aun más el trabajo y empeora la vida de los trabajadores, y esta es la experiencia concreta en los países donde se aplicó este tipo de reformas que solo aumenta la tasa de ganancia de las empresas y concentra aun más el ingreso.

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