Aunque hayamos evitado el precipicio, quedan montañas muy altas por escalar

Por Olivier Blanchard

(Versión en English)

El optimismo es generalizado, especialmente en los mercados financieros. De hecho, cierta dosis de optimismo cauteloso podría estar justificada.

Frente a la situación del año pasado en esta misma época, los riesgos más graves se han atenuado. Estados Unidos evitó el precipicio fiscal y el euro finalmente no estalló en Europa. Asimismo, disminuyó el nivel de incertidumbre.

Sin embargo, no debemos engañarnos. Todavía quedan retos importantes por delante. La recuperación aún es lenta, en realidad, demasiado lenta.

Para decirlo en forma poética: Quizás hayamos evitado el precipicio, pero aún debemos escalar montañas muy altas.

Hace un año, nos preocupaban dos riesgos a corto plazo:

Nos preocupaba que el estancamiento político pudiera llevar a una consolidación fiscal excesiva en Estados Unidos. Y que los cortafuegos en Europa no fueran lo suficientemente firmes para prevenir una crisis en España o Italia.

El acuerdo alcanzado a fines de 2012 en Estados Unidos no resuelve los problemas fiscales, pero, a grandes rasgos, el alcance de la consolidación fiscal en 2013 debería ser adecuado.

En Europa, los avances registrados en varios frentes, desde el programa de Operaciones Monetarias de Compraventa que el Banco Central Europeo ha puesto en práctica para la compra condicional de bonos públicos, hasta la creación de una unión bancaria, han convencido a los mercados financieros de que el cortafuegos efectivamente existe y que Europa está comprometida a mantener el euro.

Sin embargo, aún no dimos vuelta la página. La necesidad de llevar a cabo una consolidación fiscal, es decir, de reducir la deuda y el déficit de los gobiernos, así como la persistente debilidad del sistema financiero, siguen obstaculizando la recuperación mundial.

Una breve reseña del panorama internacional

Es indudable que los riesgos siguen siendo más altos en los países de la periferia de la zona del euro. Nuestro pronóstico es que algunos países tendrán un año más de recesión, y que el crecimiento será de -1,0% en Italia y -1,5% en España.

El proceso de ajuste está avanzando. La competitividad comienza a mejorar y la cuota del mercado de exportación aumenta. Los diferenciales soberanos disminuyeron. Los desequilibrios entre los países se estabilizaron y, en algunos casos, comenzaron a revertirse. Pero las tasas de interés aún son demasiado altas, persiste la necesidad de un ajuste fiscal significativo y la incertidumbre sigue prevaleciendo, lo que da origen a un bajo nivel de demanda y producción.

En los países del núcleo de la zona del euro la situación es apenas mejor. Para estos países, se prevé un crecimiento positivo pero anémico: 0,6% en Alemania y 0,3% en Francia. Este crecimiento débil se debe en parte a la consolidación fiscal y en parte a los persistentes efectos de la incertidumbre y la debilidad de los países de la periferia.

En cierta medida, esta situación puede obedecer simplemente a la falta de confianza: tras muchos años de crisis y la difícil recuperación de Europa, los consumidores y las empresas esperan señales de crecimiento más claras para volver a gastar. Pero este comportamiento, a su vez, retrasa el crecimiento. Sin embargo, la situación financiera está mejorando y las bajas cifras que he presentado no dejan ver el fortalecimiento gradual que se ha registrado a lo largo del año.

Japón entró en recesión en 2012. En 2013, debido entre otras cosas a las nuevas medidas que el gobierno anunció este mes, seguramente se registre un crecimiento positivo del 1,2%. El aumento de la meta de inflación, así como los objetivos más ambiciosos en materia de política monetaria, son elementos favorables. El programa fiscal nos ha llevado a aumentar el crecimiento proyectado en nuestro escenario base a aproximadamente 0,5% en 2013. Sin embargo, dados el alto nivel de la deuda y la falta de un programa de consolidación fiscal a mediano plazo, esto indudablemente conlleva un mayor riesgo de crisis fiscal.

Estados Unidos está en mejores condiciones que Europa o Japón. El principal problema sigue siendo la necesidad de un programa claro de consolidación fiscal a mediano plazo. Pero aunque tal programa no exista, es probable que en 2013 la consolidación fiscal continúe a un ritmo razonable.

Además, el resto de la economía muestra señales de robustecimiento. La inversión inmobiliaria empezó a aumentar. La relación entre patrimonio e ingreso ha vuelto a sus niveles históricos, lo que apunta a un futuro afianzamiento del consumo. Incluso la inversión en activos fijos, que ha sido débil, muestra señales de fortalecimiento. A pesar de que para 2013 pronosticamos un crecimiento de solo 2%, esta cifra no deja ver un fortalecimiento gradual a lo largo del año.

Por último, prevemos que tanto las economías de mercados emergentes como las economías en desarrollo registrarán un crecimiento sólido, aunque a tasas no tan altas como las registradas por algunas de estas economías antes de la crisis mundial. Los pronósticos de crecimiento para el grupo en su totalidad son de 5,5% para 2013, frente a 5,1% en 2012. Más específicamente, prevemos que en 2013 China tendrá un crecimiento de 8,2%, India de 5,9% y Brasil de 3,5%. La debilidad de la inversión en India y Brasil es motivo de preocupación. No obstante, en general, la mayoría de los países pudieron contrarrestar la desaceleración de la demanda externa con un aumento de la demanda interna, y pudieron manejar la volatilidad de los flujos de capital.

En su conjunto, teniendo en cuenta esta evolución, el crecimiento mundial será de aproximadamente 3,5% en 2013, en comparación con el 3,2% de 2012. Lo cual es mejor, pero no fantástico. Además, no es suficiente para hacer una mella significativa en la tasa de desempleo, que según nuestras previsiones para los países avanzados se mantendrá en torno al 8%.

Por lo tanto, nuestra recomendación en materia de políticas sigue siendo en gran medida la misma:

El optimismo del mercado financiero no debe llevar a la autocomplacencia en materia de política económica. Ahora que Europa ha formulado programas mejor definidos, su aplicación sigue siendo clave para la zona del euro. En Japón y Estados Unidos persiste la acuciante necesidad de aplicar programas de consolidación fiscal a mediano plazo. Además, aún queda mucho por hacer en la esfera de la reforma financiera. Si hay avances en estos frentes, de hecho un optimismo cauteloso podría estar justificado.

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