Continúa la recuperación mundial a dos velocidades

Por Olivier Blanchard

La recuperación económica mundial sigue en marcha, pero todavía a dos velocidades: es lenta en los países avanzados y mucho más rápida en las economías emergentes y en desarrollo. Consiguientemente, están surgiendo tensiones y riesgos que exigen medidas de política enérgicas.

Las perspectivas

Durante algún tiempo, la actividad mundial estuvo impulsada por el estímulo fiscal y la reposición de inventarios. Este proceso prácticamente ha concluido, y eso significa que el crecimiento mundial se desacelerará a lo largo del próximo año. Afortunadamente, la demanda privada subyacente está repuntando, por lo que se espera que la desaceleración sea moderada, con un crecimiento mundial que permanecerá en 4,4% en 2011, frente al 5% de 2010.

En los países emergentes y en desarrollo probablemente persistirá un crecimiento vigoroso. El producto interno bruto de este grupo de países debería aumentar un 6,5% en 2011, en comparación con el 7,1% registrado en 2010. En la mayoría de las economías emergentes y en desarrollo la crisis no dejó muchas secuelas, y algunas de estas economías —como Sudáfrica, desde donde el día de hoy lanzamos la última actualización de Perspectivas de la economía mundial— están beneficiándose de los altos precios de las materias primas. En muchos países de mercados emergentes el producto ya ha retornado a su nivel potencial, y el desafío de política económica consiste en evitar el recalentamiento.

No obstante, el crecimiento económico en los países avanzados seguirá siendo tenue. Para 2011 se prevé un crecimiento de 2,5%, frente al 3% de 2010. Esto apenas es suficiente para hacer mella en las elevadas tasas de desempleo, y genera claras preocupaciones sociales. Estos países aún tienen que corregir los excesos previos a la crisis y reparar completamente sus sistemas financieros. Muchos también están enfrentando desafíos fiscales, los más acuciantes en la zona del euro.

Mientras tanto, se está avanzando poco en la corrección de los desequilibrios mundiales. Se prevé que el crecimiento de Estados Unidos se basará en la demanda interna, en tanto que las exportaciones netas se deteriorarán. Cabe la preocupación de que en Estados Unidos vuelva a aparecer un tipo de crecimiento similar al de antes de la crisis, pero en el cual el desahorro público asuma el papel que en ese entonces desempeñó el bajo nivel de ahorro privado. Del mismo modo, si en China no se producen cambios fundamentales, prevemos que el superávit en cuenta corriente de ese país, que este año fue más bajo, vuelva a aumentar.

Tensiones y riesgos

A corto plazo, esta recuperación mundial a ritmo desigual está dando lugar a cuatro factores básicos de tensión y riesgo.

El primero es el alza de precios de las materias primas. En realidad, este problema no es tan grave como lo hacen pensar las noticias, ya que los precios reales aún están por debajo de los máximos registrados antes de la crisis. Además, los aumentos de los precios de los alimentos han dependido principalmente de factores excepcionales relacionados con la oferta, cuyos efectos deberían disiparse en el curso de 2011. Sin embargo, las presiones de los precios del petróleo son diferentes. Su origen está en la demanda. En el segundo semestre del año pasado, un crecimiento imprevisto del consumo de 2% provocó una subida de los precios de aproximadamente 10%. El pujante crecimiento mundial probablemente conllevará nuevas alzas, con importantes implicaciones para las economías emergentes y en desarrollo.

El segundo factor es la afluencia de capitales hacia los mercados emergentes. En este caso el problema tampoco es tan grave como lo indican las noticias. Los flujos sin duda han aumentado, pero en la mayoría de los países aún están por debajo de los máximos anteriores a la crisis, y en realidad han disminuido en los últimos dos meses. Este descenso reciente indica, en efecto, que la segunda ronda de distensión cuantitativa de la Reserva Federal de Estados Unidos quizá no esté teniendo el efecto esperado por muchos mercados emergentes. No obstante, estos flujos plantean decisiones difíciles de política económica, que van desde el grado de apreciación de la moneda que deberían permitir los países hasta las funciones que deberían desempeñar la política macroeconómica, las herramientas macroprudenciales y los controles de capital, respectivamente.

El tercer factor son los riesgos en la “periferia” de Europa. En algunos de estos países, el ajuste macroeconómico y fiscal probablemente será largo y penoso. Por este motivo, a los mercados les preocupa la posibilidad de que el proceso se descarrille, lo cual provocaría inquietudes con respecto a la deuda soberana y, a su vez, con respecto a los bancos. Otra preocupación es la posibilidad de que los problemas se propaguen en el sentido contrario, de los bancos a las entidades soberanas.

El cuarto factor son los riesgos relacionados con los persistentes desequilibrios mundiales. ¿Qué sucederá si no se produce un reequilibramiento? Salvo que mejore la exportación neta, el crecimiento probablemente seguirá siendo débil en Estados Unidos, y eso complicará el retiro del estímulo fiscal. Pero si no se retrae este estímulo, los problemas fiscales a largo plazo se agravarán. De cualquier modo, a la larga surgirán problemas que no solo afectarán a Estados Unidos sino que repercutirán en el resto del mundo.

Estrategia de política en tres frentes

Entonces, ¿qué hay que hacer para reducir los riesgos y fomentar la recuperación mundial? Se necesita una estrategia en tres frentes:

  • En muchos países emergentes y en desarrollo es necesario modificar las políticas macroeconómicas para evitar el recalentamiento.
  • En los países de la “periferia” de Europa se necesitan ciertas medidas urgentes, como lograr mayor claridad con respecto a las exposiciones de los bancos, con el respaldo de planes de recapitalización cuando sean necesarios (como se explica en la actualización del informe sobre la estabilidad financiera mundial del FMI). Por otro lado, es importante “dar tiempo al tiempo”. Es decir, dado que los ajustes fiscales y estructurales tomarán tiempo, es importante despejar del panorama los escenarios de pánico. Esto significa que los actuales compromisos fiscales y macroeconómicos deben respaldarse con medidas concretas, financiamiento multilateral suficiente, si llegara a ser necesario, y liquidez proporcionada por el Banco Central Europeo (BCE).
  • Por último, es necesario reducir los desequilibrios mundiales. En el caso de China y otros países superavitarios, esto implica reformas estructurales y apreciación de la moneda; y en el caso de Estados Unidos y otros países avanzados, consolidación fiscal. En este sentido, muchos países avanzados, entre ellos Estados Unidos, todavía no han adoptado un plan creíble de ajuste fiscal a mediano plazo, algo que se necesita urgentemente. La resolución de los desequilibrios mundiales es esencial para lograr una recuperación mundial sostenida y duradera.

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