La semana pasada, el Subdirector Gerente del Fondo Monetario Internacional, Naoyuki Shinohara, viajó a Guatemala y Costa Rica para reunirse con las autoridades gubernamentales, miembros del Congreso y líderes de la sociedad civil.
El funcionario del FMI señalo que las perspectivas de Guatemala y Costa Rica siguen siendo positivas, pero añadió que ambos países enfrentan importantes desafíos económicos. “El FMI sequirá trabajando en estrecha colaboración con las autoridades para proporcionar asesoramiento de alta calidad sobre políticas para mejorar la estabilidad y el crecimiento, y continuará profundizando la cooperación en áreas importantes para la generación de capacidad”, dijo Shinohara.
Para más información sobre el viaje de Shinohara, vea los comunicados de prensa de Guatemala y Costa Rica.
Hoy, los invito a todos a celebrar el Día Internacional de la Mujer. Celebramos los increíbles avances realizados por las mujeres en las últimas décadas en distintos sectores de la sociedad, desempeñando en la vida económica un papel clave por el que lucharon y en el que soñaron nuestras abuelas. Hoy, aunque los hombres siguen dominando las altas esferas ejecutivas en la mayoría de las profesiones, las mujeres en todo el mundo ocupan altos cargos en el sector privado y en la función pública. Las mujeres ya no son “El segundo sexo” sobre el que escribió Simone de Beauvoir.
Pero aún hay demasiadas mujeres que se enfrentan a los desafíos más fundamentales: el derecho a la seguridad y a elegir la vida que quieran.
Aún es invierno en el hemisferio norte, pero nunca es mal momento para una limpieza general. Propongo a los responsables de las políticas que despejen su lista de tareas pendientes y centren su atención en tres prioridades para contribuir al crecimiento de la economía y mejorar considerablemente la estabilidad monetaria y financiera en 2013 y en los próximos años.
Bancos sólidos
Necesitamos bancos sólidos que puedan apuntalar el crecimiento económico. Las instituciones financieras de las economías avanzadas hoy lucen más robustas. Pero las autoridades aún deben terminar de sanear el sector bancario. Esta cuestión es particularmente apremiante en Europa, donde la debilidad de los bancos se ha convertido en un lastre para el crecimiento.
El creciente nivel de vida promedio ha llevado a muchos países en desarrollo a replantearse qué significa ser considerado pobre. Algunos han respondido incrementando la línea de pobreza (es decir, el nivel de ingreso por debajo del cual se estima que una persona u hogar son pobres). Por ejemplo, hace poco China duplicó la línea de pobreza nacional de 90 centavos diarios a Us$1,80 (ajustando el valor para reflejar el poder adquisitivo de 2005 en valores constantes). Otros países —como Colombia, India, México, Perú y Vietnam— también revisaron al alza las líneas de pobreza recientemente.
Estas revisiones no son una gran sorpresa. El indicador de la pobreza en un lugar determinado será aceptado únicamente si concuerda, dentro de lo razonable, con la idea general de lo que constituye pobreza en ese lugar. El crecimiento global sostenido indudablemente lleva a un mayor número de países a mejorar el nivel de vida. Lo mismo ocurrió con el correr del tiempo en la mayoría de los países que hoy son ricos.
¿Qué significa esto para la medición del progreso global de la lucha contra la pobreza? La línea de pobreza, ¿debe variar también con el ingreso promedio?
Ya pasó el primer mes de 2013, y si la experiencia es fiel guía, a esta altura mucha gente ya ha olvidado las promesas de Año Nuevo.
En muchos países son tradicionales los buenos propósitos para el Año Nuevo, que generalmente tienen que ver con cosas que hacen bien, como ponerse a dieta. Lamentablemente, también es tradicional que esos propósitos caigan rápidamente en el olvido y que reaparezcan el año siguiente, por lo general con el mismo resultado.
No obstante, el propósito de reducir los déficits fiscales de 2012 que hicieron la mayoría de las economías más avanzadas terminó cumpliéndose en términos generales. El déficit global promedio de estos países retrocedió aproximadamente ¾% del PIB el año pasado, con lo cual la caída acumulada del déficit llegó a 3% del PIB respecto del máximo alcanzado en 2009. Esa es una buena noticia.
De hecho, en algunos países el déficit ha disminuido a tal punto que los coeficientes de deuda también han comenzado a reducirse, y en otros casos se han estabilizado.
Durante su primera visita oficial el mes pasado a Chile como Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde participó en un encuentro con estudiantes universitarios de la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile.
El objetivo de este encuentro titulado “La Nueva Generación en Chile le Pregunta al FMI” fue conversar con la generación de futuros líderes en Chile para conocer sus puntos de vista sobre cuestiones económicas, e intercambiar ideas acerca de los retos que los jóvenes enfrentan en la región, sus aspiraciones, sus preocupaciones e inquietudes. Diálogos similares con jóvenes universitarios han sido llevados a cabo por el FMI en otros países de la región como Uruguay, Perú, México, y Barbados.
La Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, junto con Canal 13 de Chile y el FMI organizaron este encuentro.
El optimismo es generalizado, especialmente en los mercados financieros. De hecho, cierta dosis de optimismo cauteloso podría estar justificada.
Frente a la situación del año pasado en esta misma época, los riesgos más graves se han atenuado. Estados Unidos evitó el precipicio fiscal y el euro finalmente no estalló en Europa. Asimismo, disminuyó el nivel de incertidumbre.
Sin embargo, no debemos engañarnos. Todavía quedan retos importantes por delante. La recuperación aún es lenta, en realidad, demasiado lenta.
Para decirlo en forma poética: Quizás hayamos evitado el precipicio, pero aún debemos escalar montañas muy altas.
La creciente desigualdad del ingreso es un tema central del debate público tanto en las economías avanzadas como en los países en desarrollo. La globalización, las reformas del mercado laboral y los avances tecnológicos —factores que tienden a favorecer a los trabajadores más calificados— son causas importantes de tal divergencia.
Autoridades y comentaristas por igual han expresado una profunda preocupación acerca de las consecuencias económicas y sociales del aumento persistente, y a menudo pronunciado, de la participación en el ingreso que captan los grupos de mayores ingresos. Muchos piensan que reducir esa desigualdad es crucial para promover un acceso más generalizado a las oportunidades económicas, sociales y políticas.
Cierta desigualdad es necesaria para incentivar la inversión y el crecimiento, pero una disparidad excesiva puede frustrar el crecimiento. Varios reconocidos expertos han sostenido recientemente que la creciente desigualdad de los ingresos fue un factor importante en la crisis financiera.
¿Cómo pueden las políticas públicas corregir esa gran desigualdad? En un reciente estudio del FMI examinamos las tendencias mundiales de la desigualdad del ingreso y el papel que pueden cumplir las políticas fiscales —de gasto público e impuestos— para reducirla.
Con el año nuevo, todos esperamos que la crisis financiera mundial quede atrás. También debemos trabajar más para asegurar nuestro futuro.
Más allá de nuestros actuales problemas económicos y financieros, hay cuestiones de largo plazo que todos conocemos pero que reciben escasa atención en tiempos en que los responsables de las políticas están tan totalmente abocados a la penosa tarea de resolver los problemas más inmediatos. Lamentablemente, las cuestiones de largo plazo que no se atiendan hoy se convertirán en las crisis de mañana.
Así que será mejor extender nuestro foco de atención, observar qué se vislumbra en el horizonte y desplegar más esfuerzos para dirigir la economía mundial hacia un rumbo mejor.
Otro día para morir
Los responsables de las políticas de todo el mundo han estado trabajando denodadamente para reparar sus economías. En el año entrante, tendrán que seguir apuntalando el crecimiento y, al mismo tiempo, corrigiendo los desequilibrios, para lo que deberán:
Establecer políticas monetarias flexibles.
Encontrar un equilibrio en materia de ajuste fiscal, aplicando restricciones cuando sea posible pero procurando apuntalar el crecimiento de corto plazo.
Terminar de sanear el sector financiero y establecer sistemas financieros más seguros.
Aplicar reformas que fomenten la productividad y el potencial de crecimiento.
Ya sea luchando contra la malaria con mosquiteros o construyendo escuelas y proporcionando saneamiento básico, la filantropía está ayudando a transformar el mundo en desarrollo. Los donantes ricos dedican muchísimo dinero —obtenido en muchos casos a través de sus negocios en los sectores de la informática y el entretenimiento, o de inversiones de capital-riesgo— a luchar contra la pobreza y mejorar la calidad de vida de las personas, complementando y, en algunos casos, superando la ayuda oficial.
Desde los multimillonarios Bill y Melinda Gates y Warren Buffett a Aliko Dangote y George Soros, los titanes del capitalismo respaldan las buenas causas con su dinero. Ya sea financiando nuevas vacunas, contribuyendo a mejorar la salud materna, apoyando la enseñanza, construyendo bibliotecas o adquiriendo tierras en la selva amazónica para proteger el medio ambiente, los filántropos respaldan distintos proyectos y enfoques innovadores que están cambiando la vida de la gente y construyendo sueños.
En el nuevo número de Finanzas & Desarrollo se examinan el mundo de las donaciones focalizadas y el empresariado social.