El mundo ante una débil recuperación económica

Por Olivier Blanchard

(Versión en English)

La recuperación mundial continúa, pero es débil; de hecho es un poco más débil que lo pronosticado en abril.

En la zona del euro el crecimiento es cercano a cero, debido a un crecimiento positivo pero escaso en los países del núcleo de la zona y a un crecimiento negativo en la mayoría de los países de la periferia.

En Estados Unidos el crecimiento es positivo, pero demasiado escaso como para que haga mella en el desempleo.

El crecimiento también se ha desacelerado en las principales economías emergentes, desde China hasta India y Brasil.

Los riesgos a la baja, provenientes sobre todo de Europa, han aumentado.

A continuación quisiera ampliar estos temas.

Los pronósticos de base

En Europa se observa una creciente divergencia entre los países del núcleo y de la periferia.

Los países de la periferia, como España e Italia, se enfrentan a un ajuste difícil. La consolidación fiscal es necesaria, pero constituye un pesado lastre para el crecimiento. Las reformas estructurales darán fruto, pero solo en el futuro. Los bancos tienen que gestionar no solo los préstamos problemáticos heredados sino un creciente número de préstamos en mora, que son el resultado de la deprimida actividad económica. La fuerte carga de la deuda está encareciendo el crédito para los gobiernos. El resultado es un crecimiento negativo este año y el próximo tanto en España como en Italia.

Los países del núcleo de la zona, incluidos Alemania y Francia, tiene ante sí problemas similares, pero de una escala más limitada. La consolidación fiscal que se necesita es menor; los bancos en general están en mejores condiciones. Pero aún así, las tasas de crecimiento que se pronostican para estos países son bajas: 1% para Alemania y 0,3% para Francia en 2012, y un poco más altas para ambos países en 2013.

La recuperación continúa en Estados Unidos, aunque algunas de las buenas noticias de comienzos de año se vieron neutralizadas por otras malas desde entonces. Se están sintiendo los efectos de la consolidación fiscal, y también de la reducción de las exportaciones. Lo positivo es que el sector inmobiliario parece estar estabilizándose. Sin embargo, la recuperación no es lo bastante fuerte como para reducir sustancialmente el desempleo. Nuestros pronósticos de crecimiento son de 2,0% en 2012 y 2,3% en 2013, es decir, revisiones de -0,1% en ambos casos.

El crecimiento en los países de mercados emergentes se he desacelerado un poco más de lo previsto en abril. Por ejemplo, nuestro pronóstico para China fue revisado a la baja de 8,2% a 8% para 2012, el de India de 6,9% a 6,1%, y el de Brasil de 3,0% a 2,5%. Las causas inmediatas varían según en el país, pero la reducción de las exportaciones y de la inversión son factores preponderantes. En general, prevemos que estos países lograrán aterrizajes suaves, pero con tasas de crecimiento más bajas que en el pasado.

Globalmente, nuestro pronóstico de crecimiento mundial es de 3,5% para 2012 y 3,9% para 2013, es decir, revisiones a la baja de 0,1% y 0,2% respectivamente.

Dada la avalancha de malas noticas en los medios de comunicación, quizás estas pequeñas revisiones a la baja resulten sorprendentes. Los motivos son dos: el primero es que inicialmente no fuimos muy optimistas; y el segundo es que en muchos países, si bien el segundo trimestre fue peor de lo pronosticado, el primero fue mejor de lo pronosticado. Esto explica en parte que la revisión para 2012 sea pequeña.

Los riesgos a la baja

Algo que resulta aún más preocupante que estas revisiones del pronóstico de base es el aumento de los riesgos a la baja.

El riesgo principal es obvio: la posibilidad de que los círculos viciosos en España o Italia se intensifiquen, de que el producto caiga aún más y de que uno de estos países pierda acceso a los mercados financieros. Las implicaciones podrían fácilmente descarrilar la recuperación mundial. Nuestros pronósticos de base parten del supuesto de que se adoptarán políticas que permitan que los elevados diferenciales de los bonos españoles e italianos bajen lentamente a niveles que, pese a seguir siendo altos, serían más bajos en 2013. Pero esto exige que se adopten e implementen las políticas correctas.

¿Qué políticas se necesitan?

Para contener y a la larga resolver la crisis del euro es necesario que se cumplan dos condiciones.

En primer lugar, los países que están bajo presión tienen que seguir avanzando en lo que se refiere a la consolidación fiscal, los ajustes de los salarios y precios, las reformas estructurales y la recapitalización de los bancos cuando sea necesario. Los gobiernos de España e Italia han dado pasos importantes en este sentido. Pero solo podrán salir adelante si están en condiciones de obtener financiamiento a tasas razonables.

En segundo lugar, mientras estos gobiernos mantengan sus compromisos de reforma, los otros países miembros de la zona del euro tienen que estar dispuestos a ayudarlos a lograr que el ajuste sea viable. Esto implica no solo diseñar una arquitectura a nivel de la zona del euro, sino también estar preparados, a corto plazo, para estabilizar las condiciones de financiamiento en los mercados de deuda soberana. En las últimas semanas se han logrado avances, pero aún queda mucho por hacer.

En Estados Unidos el problema sigue siendo principalmente de orden fiscal. Evitar el precipicio fiscal es sin duda la prioridad a corto plazo. Pero la falta de un plan fiscal a mediano plazo es motivo de preocupación, y es una fuente de riesgos en un fututo no muy distante.

Las condiciones en las economías emergentes difieren de tantas maneras que no es posible hacer una recomendación sencilla y común para todas. El mejor consejo quizá sea este: prepararse. Prepararse para utilizar políticas económicas y macroprudenciales para responder a un entorno externo complejo. Los flujos de capital probablemente seguirán siendo muy volátiles. Es probable q ue las exportaciones a los países avanzados sigan siendo limitadas.

La recuperación mundial puede continuar y puede fortalecerse. Los factores esenciales son un ritmo adecuado de consolidación fiscal, la continuidad de una política monetaria expansiva, el saneamiento del sector financiero para reducir los costos de endeudamiento, y un espíritu de solidaridad, sobre todo dentro de la zona del euro.

 

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